Los tatuajes son una costumbre milenaria, tan antigua como la humanidad, su popularidad se ha mantenido a través del tiempo en las diferentes culturas.  La moda de lucirlos comenzó en los años 60 con el movimiento hippie y desde entonces, hasta los llamados Millenials y Centenialls, se han hecho tatuajes extensos y visibles.

Parte de los motivos para realizarse un tatuaje, es la búsqueda de la identidad personal, quererse parecer a sus ídolos, perpetuar un sentimiento que no se quiere olvidar o por simple rebeldía.

En Estados Unidos, 25% de la población está tatuada. Y según las estadísticas, el 20% se arrepiente años más tarde de haberlo hecho, ya sea por razones profesionales o por superar eventos del pasado.

El tatuaje, consiste en la inyección intradérmica de micropartículas de pigmento, que varían en tamaño, composición y profundidad. Pueden ser de múltiples categorías: profesionales, amateur (tintas chinas), cosméticos y traumáticos (producidos por accidentes con pólvora o pavimento.

En el pasado, se intentó retirar los tatuajes con técnicas agresivas como criocirugía o salabrasión, esta última consiste en frotar vigorosamente la zona tatuada con un bloque de lijado hecho de sal, este método puede resultar doloroso. Afortunadamente en la actualidad contamos con láser de última tecnología Q- Switched. Estos equipos emiten disparos de alta energía en cortos períodos de tiempo (nano segundos) y fragmentan las partículas de pigmento del tatuaje sin destruir la piel alrededor de éste.

En nuestra clínica Dermatológica, contamos con el Láser de Revlite Nd Yag  Q-Switched, con tecnología fotoacústica, que lo hace más seguro, con daño mínimo del tejido circundante y menor riesgo de hipo o hiperpigmentación. Además, debido a las cuatro longitudes de onda que utiliza es posible eliminar casi todos los colores.
La eliminación de tatuajes con láser Q switched es segura y efectiva, pero son necesarias entre 6-10 sesiones de tratamiento. A veces se mantiene pigmento residual del tatuaje en cantidades mínimas.