El acné es considerado una de las enfermedades de la piel más comunes, puede afectar a un gran número de personas a nivel mundial, principalmente a los jóvenes y adolescentes, siguiendo con los adultos y en ciertos casos se presenta en recién nacidos y en la infancia. Son múltiples las causas que lo producen, siendo el factor hormonal el más importante. Afortunadamente se cuenta con un sin número de tratamientos médicos que logran controlarlo e incluso curarlo.

Para entender la enfermedad es necesario explicar lo que ocurre. Hay un taponamiento e inflamación del folículo pilosebáceo (conducto por donde se transporta sebo y células muertas a la superficie de la piel) luego aparece un grano o espinilla. Esta patología está asociada a las glándulas sebáceas, encargadas de producir sebo necesario para humectar y proteger la piel, se encuentran principalmente en la cara, cuero cabelludo, espalda, pecho y hombros, es por ello que generalmente encontramos las lesiones propias del acné en dichas áreas corporales.

En efecto las glándulas sebáceas son muy sensibles al flujo hormonal, presentando crecimiento y sobreproducción de sebo, son inducidas de forma natural principalmente en el hombre por la testosterona y en la mujer se muestra en la etapa de pubertad, periodos menstruales, el embarazo, en mujeres adultas que presenten ovario poliquístico, al suspender las píldoras anticonceptivas orales que ayudan a mantener controlado dicho desorden hormonal, así como algunos fármacos, entre ellos, los corticoesteroides sistémicos o el complejo B, los cuales suelen ser de uso común ya sea por prescripción médica o auto recetados. Otra de las causas es el uso de productos cosméticos como el maquillaje o cremas que taponan el complejo pilosebáceo.

Popularmente se cree que ciertos alimentos, como la mantequilla, las grasas o los chocolates pueden ser la causa de éste, aunque no se ha demostrado de forma científica una relación directa, pero sí se ha establecido que la leche y sus derivados pueden ser una de las causas del acné debido a las hormonas que contienen estos alimentos.

Así mismo se cree que esta patología es secundaria a un daño en la sangre o en el hígado y realmente no hay ninguna evidencia que soporte este mito, por lo mismo, no es necesario tomar medicamentos naturales que “limpien” dichos órganos.

Clínicamente se observan múltiples y variadas lesiones, como los comedones (espinillas) que pueden ser abiertos (puntos negros) y cerrados (puntos blancos), las pápulas y pústulas

(son las lesiones que vulgarmente llamamos barros) y los nódulos y quistes que corresponden a las lesiones más severas de esta enfermedad, además son las más peligrosas ya que generalmente llevan a cicatrización e incluso deformidad, siendo causa de una afectación importante en la autoestima e incluso llevar a consecuencias tan graves como el suicidio.

De acuerdo al tipo de lesiones y a la cantidad de éstas, podemos clasificar el acné en: leve con pocas lesiones principalmente compuesta por comedones y escasas pápulas, moderado las lesiones son generalmente pápulas y pústulas y por último severo cuando el predominio son los nódulos y los quistes. Cada estado de la enfermedad requiere un tratamiento específico, el cual debe ser guiado por el dermatólogo.

Afortunadamente contamos con múltiples tratamientos, sean de aplicación tópica o sistémica (vía oral) los cuales son altamente efectivos. Lo más importante es que el tratamiento sea guiado por el médico dermatólogo, hay que evitar el autotratamiento, esta práctica puede llevar a un mal manejo del acné y como consecuencia nefasta la aparición de cicatrices.

Para concluir se recomienda consultar con el especialista en piel, ya que este podrá evaluar de acuerdo a cada circunstancia y así brindar el mejor y oportuno tratamiento, pues es una enfermedad común pero tratable donde el objetivo primordial a parte de la curación es la prevención del desarrollo de cicatrices que puedan afectar la calidad de vida.

Dr. Flavio Alberto Restrepo
Médico Dermatólogo

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